Cuando todo se vuelve gris, y realmente no entendés nada, y lo único que querés es escapar de esta realidad que te consume de a poco. Cuando a pesar de que todo esté bien querés correr y correr, en el tiempo, y llegar al precipicio que te plantee el final. Cuando ya nada te alcanza para ser feliz, y ni siquiera la persona que amaste por siempre, puede sacarte una sonrisa...es ahí cuando te das cuenta de que te perdiste. Que te perdiste en los días, en las palabras, en las miradas, en la gente, en el espacio, y hasta te perdiste de vos. Ni siquiera podes verte, ni involucrarte en tu propia vida. Te sentís inservible, porque parándote en el punto de la linea, y volviendo la vista a atrás, te das cuenta de que cada movimiento fue torpe, que cada palabra se la llevo el viento, y que cada suspiro se perdió en alguna boca, que ni siquiera te recuerda.
No sabés de qué manera esto se convirtió en un enlace con la depresión, ni cómo esto influye en el llanto. Pero sabés que al levantarte en la mañana solo vas a encontrar la almohada húmeda, y algo de hinchazón en los ojos, recordando así uno de los tantos altibajos que la vida te planteo.
sábado, 1 de agosto de 2009
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